Lecciones de un episodio amargo, por Sergio Bitar

Lecciones de un episodio amargo, por Sergio Bitar

LECCIONES DE UN EPISODIO AMARGO

Sergio Bitar

Confieso que no había leído el libro Dialogo de Conversos ni las

opiniones del Sr Mauricio Rojas

sobre el Museo de la Memoria. Conocerlo me provocó, como a millones de chilenos, incredulidad primero e indignación después.

Y por una razón fundamental: sentí que amenazaba la cultura de los derechos humanos, una conquista enorme del pueblo

chileno. Yo pensaba que tales convicciones estaban incorporadas a nuestro modo de pensar, y que trascendían a

derechas e izquierdas.

El incidente del Museo de la Memoria nos ha servido para estar alertas. Y para ello la

memoria es crucial, sin ella andaríamos a oscuras.

Si compartir esos valores superiores es esencial para nuestra convivencia nacional, ponerlos en

duda haría peligrar nuestra capacidad de construir un futuro común.

Justificar las violaciones atribuyéndolas a las tensiones políticas que precedieron al golpe militar

es abrir paso a la ambigüedad y con ello a la repetición.

A nadie escapa que hubo circunstancias políticas que facilitaron un

golpe militar. En ello, sin duda, hubo responsabilidad de todos.

Incluso mientras nos mantenían

prisioneros en Dawson, en medio de la tragedia,

algunos nos preguntábamos en qué nos

equivocamos. Yo mismo escribí el libro El Gobierno de Allende donde analizo autocríticamente

esa experiencia.

Pero de allí a equiparar causas políticas, nacionales e internacionales, con el

asesinato, la muerte, la desaparición y la tortura es negar el compromiso inclaudicable con esos

derechos esenciales.

La discusión sobre las políticas de los gobiernos es otro tema. El debate político de las

circunstancias previas al golpe y de la lucha democrática posterior si

empre será indispensable, y

nunca habrá unanimidad. Las lecciones aprendidas del dolor nos enseñaron

a unirnos para conquistar la democracia y gobernar con justicia y dignidad para todos.

Otros habrán extraído sus propias enseñanzas. Pero convengamos todos que el respeto sin ambages de los derechos

humanos es crucial para avanzar con unidad nacional.